DIBUJOS DE LUZ

En el camino

NOTICIA DE ROBERTO LOZANO BRUNA11/11/2012
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En el camino

Beauty, víctima de trata, fue quemada con agua hirviendo. :: R.L.B.

Los paleontólogos afirman que los primeros homínidos vivieron en el Valle del Rift, entre Tanzania y Kenia, y tuve la certeza de que en ese lugar empezó nuestra historia

Cuando contemplé por primera vez el Valle del Rift, en las tierras de los masái en la frontera entre Tanzania y Kenia, tuve la extraña sensación de un reencuentro con algo que superaba mi razón, mi intelecto, y mi capacidad de comprensión.

Dejándome llevar por la emoción y la intuición, esos estados del hombre denostados hasta hace poco, pero que empiezan a ser recuperados por los científicos como una parte no disociada y esencial en los procesos intelectuales del ser humano, a los que recurría en mi temprana juventud de forma inconsciente y que, con el paso de los años, aprendí a usar como una parte inseparable de mis procesos de análisis y reflexiones, tuve un acercamiento a lo primigenio, al útero, al comienzo de todo, si es que el tiempo, ese invento humano, tuvo alguna vez un nacimiento más allá de nuestro intento de definición.

Los paleontólogos afirman que los primeros homínidos vivieron allí, en ese valle milagroso que dio origen a lo que hoy somos y desde donde nuestros antepasados migraron hacia Europa para colonizar el resto del planeta.

Más allá de las afirmaciones científicas y de los hallazgos de fósiles humanos, tuve la certeza de que allí, en ese lugar, empezó la historia de nuestra especie. El viaje en búsqueda de mejores condiciones de vida para tratar de sobrevivir en este maravilloso, pero también descomunal y violento mundo. No había más condición que la capacidad de la comunidad y la propia individual para seguir avanzando. No existían los límites, solo los escollos naturales.

Miles de años después, muchos descendientes de aquellos primeros hombres, tratan de llegar desde África, el mismo continente de sus antepasados, y no olvidemos, también los nuestros, hacia esa promesa llamada Europa con idéntica intención, su propia supervivencia y la de su familia.

Pero ahora hay diferencias, una nueva barrera, una invención humana: la frontera.

Como diría mi amigo el gran reportero de guerra Sergio Caro, «España es el portero de discoteca de Europa». Aquí paramos a todo aquel que viene del sur en patera o cayuco y no en yate, calza zapatos remendados de tercera mano y no de una marca por la que se pagan 180 euros.

El norte de Marruecos y más en concreto la ciudad de Tánger y sus alrededores, se ha convertido en la última estación desde donde los migrantes subsaharianos tratan de alcanzar la frontera sur de Europa, la entrada desde España al supuesto paraíso.

Pero antes de llegar a Tánger, la odisea por la que tienen que pasar esos miles de africanos que lo intentan año tras año adquiere verdaderas cotas de heroicidad.

Muchos de los que lo intentan son niños. Ellos representan una de las pocas esperanzas de su familia para salir de la miseria en la que viven en los países del África subsahariana y se ven obligados, en muchos casos en contra de su voluntad, a emprender el peligroso viaje que les conduce hasta Europa.

Las mafias de trata de seres humanos utilizan las rutas que atraviesan el desierto del Sahara, donde los controles son muy escasos, y para muchos de ellos supone un final trágico.

Williams, un niño nigeriano, que cuando le conocí en Tánger tenía escasos 15 años, es uno de esos héroes. Huyó de su país después de que un grupo de fundamentalistas islámicos, ante la negativa de su familia a convertirse al islam, quemara su casa, violase a sus dos hermanas y matase a sus padres.

A pesar de ser perseguido por los hombres que atacaron a su familia, logró huir, y con la ayuda de alguien a quien conoció poco después, comenzó su viaje hacia el norte, hacia Marruecos. Desde allí, le habían dicho, era más fácil cruzar a España.

Durante su viaje por el desierto, ya en manos de las mafias, estuvo a punto de morir de hambre, sed y de extenuación en varias ocasiones. «Los guías conocían el desierto de Libia, pero creo que no conocían esta parte del Sahara. Durante el camino muere mucha gente, si has estado allí lo ves. ¡Es tan peligroso! Un chico se desmayó y no lo pudimos reanimar; murió allí mismo y lo sepultaron así? tan solo a dos pulgadas de profundidad. Eso no está bien, no es justo y empecé a llorar, pero nadie me escuchaba. Muchas veces dicen a las familias que su hijo o su hija está en Europa ganando dinero, pero en realidad está muerto, enterrado en el desierto.»

No quiere ser prostituta


«No quiero ser prostituta? quiero ir al colegio» dice Beauty, la niña de la fotografía (su nombre es ficticio por motivos de seguridad).

A lo largo de muchos meses sus palabras se han repetido en mi mente constantemente, como un aullido de desesperanza, como un lamento amargo. Durante la entrevista pronunció esta frase con una entereza y una dignidad que pocas veces he escuchado en mi vida.

Al igual que Williams, Beauty también salió de Nigeria. Suffer (sufrir, en español) es el verbo que repetía para describir cómo era su vida. Su madre dio a luz 9 hijos, «Ninguno fuimos a la escuela, todos sufríamos? sufrí todos los días de mi vida. Un día conocí a una persona que me dijo que me iba a sacar de allí y me propuso ir a Europa. Me dijo que me iba a ayudar a salir de esa situación y que ganaría suficiente dinero para poder iniciar una nueva vida».

Lo que Beauty desconocía es que acababa de ser captada por una red de trata que quería explotarla sexualmente en Europa. En ese momento comenzó su particular odisea. Tardó «dos meses» en cruzar el desierto del Sáhara. Muchos días no había nada que llevarse a la boca y prácticamente no tenían agua.

«Un día "la persona" (refiriéndose al tratante) que nos llevaba se acercó a mí y me dijo que por qué no iba con los hombres que le acompañaban. Yo me negué, y me dijo que si no iba, me mataría. Entonces me ató las manos, me ató las piernas y me tapó la cabeza con una manta. Pero otro hombre se acercó y le dijo que por qué me hacía eso. ¡Esta niña es muy pequeña, no puede hacer nada aún! Aquel hombre me salvó, pero no pudo hacer nada por las otras mujeres?».

El día que tomé la fotografía era la segunda vez que veía a Beauty. Conocía sus heridas puesto que unos días antes ya habíamos rodado su pecho desnudo y tomado algunas imágenes más. La red de trata le había quemado el cuerpo con «agua hirviendo» unos meses atrás por motivos que se desconocen, aunque presupongo que responden a un castigo o a algún tipo de represalia.

Le pedí que si tenía inconveniente en descubrirse de nuevo el torso para fotografiarla de nuevo y rodar algunos planos más.

Ella accedió con un ligero asentimiento. Se estaba desnudando en cuerpo y alma, mostrándonos con su gesto su dolor interior y no solo físico. Justo antes de realizar la fotografía, crucé la mirada con Alberto San Juan, que nos acompañaba en el rodaje y creo que compartimos un desasosiego terrible. Éramos conscientes de la responsabilidad que en ese momento estábamos adquiriendo: contar bien su historia para que, como decía Beauty, no le ocurriera a otras niñas.

Beauty es aún una niña, pero ya es una heroína como millones de mujeres en lo que llamamos el tercer mundo. Su historia personal es un ejemplo de lo que está ocurriendo con miles de mujeres en África. Su fuerza, su entereza, su dignidad, pero sobre todo su lucha y su esperanza en un mundo mejor, deberían espolearnos a presionar a los que tienen la posibilidad de prevenir y cortar la trata de seres humanos.

Conocí a más niños que como Wiliams y Beauty me contaron sus historias personales, ellos son también héroes anónimos. África está repleta de la fortaleza de estos niños, de su valentía, de su firmeza, HÉROES?

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